Página de inicio

Vista desde la Playa del Botero de Barbate

FARMACIA de Guardia
Madrugada, miérco

PIZARRO HIGUERAS
Avda. del Faro, 50
Tle: 956430087
El turno comienzó a las 9:30 h del martes y terminará a las 9:30 h del día siguiente.
 

Cosas de aquí

Información práctica

¡Participa!

Foro de la zona

CHAT to Barbate


El pesquero Joven Alonso
El hundimiento del  
Joven Alonso

Las Hazas de la Suerte
¿Sabes que son Las Hazas
de Suerte
?

La batalla de Trafalgar


Hecho en Barbare
(c) tobarbate 1997, 2008

 

 

 

 

 

 


Documento sin título


Anterior

PABLO MALIA Y LA FUNDACION DE BARBATE (II)

Por Antonio Aragón

Viaje al poniente

Malta es un archipiélago situado en el centro mismo del Mediterráneo, formado por cinco islas, tres de ellas habitadas: la que da nombre al archipiélago, que es también la más densamente poblada, Gozo y Comino.
La extensión total de estas islas es de 316 kilómetros cuadrados, o sea, poco más de dos veces el término de Barbate, que posee 136 kilómetros cuadrados. Como ha ocurrido con nuestro pueblo, la situación geográfica privilegiada de Malta ha llevado al archipiélago a padecer desde antiguo las apetencias de sucesivos pueblos: allí se han sucedido fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, ostrogodos, bizantinos, musulmanes, normandos, aragoneses, franceses e ingleses. Tal confluencia de genes hace del maltés común un tipo abierto y con mentalidad negociadora, sin un perfil racial fijo y rara vocación aristocrática, por lo que la xenofobia le es totalmente ajena. Es por tanto el ciudadano de Malta parecido en extremo al individuo andaluz, no en vano ambos forman parte de ese gran árbol mediterráneo que posee diversos caracteres comunes.
Los contactos de la península ibérica con Malta vienen de antiguo, hasta el punto que el archipiélago acabó perteneciendo a la corona española. Pero, en 1530, Carlos I lo cedió a la que con posterioridad sería La Orden de Malta, que lo conservaría hasta 1798, año en que fue conquistado por Napoleón. En 1800 los ingleses se apoderarían de él, y no fue hasta 1964 que alcanzó su total independencia, estableciendo su capital en la ciudad-puerto de La Valleta.


La religión mayoritaria en Malta es desde hace siglos el Cristianismo, y el santo patrón de la isla es San Pablo, pues según la Biblia allí arribó el apóstol tras un naufragio. Por eso es tan común el nombre de este santo entre los malteses.
En Malta siempre existió una gran emigración, lo que no ha impedido que el archipiélago sea hoy el lugar con más alta densidad de población de toda Europa. Uno de los mayores saldos migratorios se produjo en el siglo XVIII, centuria en la que sale Pablo Malia.
Carmel Vasallo, historiador maltés, ha rastreado el paradero de muchos compatriotas que salieron en aquellas fechas. Uno de los destinos preferidos fue España. El Levante español los acogió en gran número, de tal forma que en zonas como Alicante o Valencia hubo calles que fueron bautizadas con el patronímico de los recién llegados, tal como pasó en Barbate, donde hasta principios del siglo XX hubo una calle llamada "Los Malteses". La gran mayoría de esos malteses afincados en España se dedicaron a negocios de compra y venta, algo parecido a lo que en nuestros días hacen los marroquíes o sudsaharianos que desembarcan aquí con sus tenderetes.

Uno de los destinos favoritos de los emigrados malteses fue Cádiz, otra isla (que no sólo recuerda a La Habana, también a La Valletta), por ser su puerto un hervidero de negocios mercantiles en pleno siglo XVIII, merced a su vinculación directa con el comercio americano. De hecho, uno de cada siete gaditanos no era natural de la tacita, llegando ésta a poseer la mayor concentración de extranjeros de toda Europa. En Cádiz, los malteses constituían, de acuerdo con un censo de extranjeros de 1791, una comunidad de doscientos diecisiete miembros, establecidos en el barrio de Santa María y en el de Capuchinos. Casi todos se dedicaban al comercio, especialmente a la venta de ropa. Desde allí se extenderán hacia otros lugares, como el Puerto de Santa de María, Conil o Vejer. Que Barbate acabe vinculándose a uno de ellos no es por tanto ninguna extrañeza.

Lo que nos dicen los documentos sobre el Maltés

Que la existencia de Pablo Malia no era producto de la imaginación y que vino de Malta, junto a otros puntos contenidos en la tradición, puede comprobarse perfectamente en los legajos existentes en el Archivo Diocesano de Cádiz, en el Archivo Provincial e incluso en el Archivo de Simancas, O sea, en contra de lo sostenido por aquellos historiadores a los que aludíamos al principio, no sólo es perfectamente demostrable su existencia, sino que además lo es más que la de cualquier mortal de su época. Y ello por dos causas: su condición de extranjero, que lo obligó a trámites burocráticos extraordinarios, y su particular manía por reflejar en papeles todos sus negocios.
Ateniéndonos a la documentación existente, en esencia actas matrimoniales y protocolos notariales, podemos realizar un recorrido, inevitablemente parcial, por la vida del maltés: nació en 1738, en un lugar impreciso del archipiélago de Malta, siendo bautizado con el nombre de Paulo Mallía. Parece ser, pues no es totalmente seguro, que sus padres eran Miguel Mallía y Rosa Galitazzo.


Nada conocemos de su infancia, sólo que abandonó su patria, para no volver jamás, a la temprana edad de quince años, o sea, hacia 1753; lo acompañaba un primo hermano llamado Pedro Borrer, y Sebastián Mallía, su tío. Durante tres años, Pablo y sus parientes se dedican a la venta de géneros, deambulando de un lugar a otro -desconocemos qué lugares- sin residir más de veinte días en punto fijo. Finalmente desembarcan en Cádiz, luego van a Conil, y en este pueblo, al menos Pablo, establecerá su primera residencia. Fue en Conil donde el Maltés conoció a la que sería su primera esposa, ignorada por la tradición, Francisca Paula Ferrer Rufano, con la que se casará a los diez meses de residencia en la localidad.

 

 


Entre 1763 y 1778, el Maltés no da señales de vida, quince años en los que parece perdido. No es mal síntoma, pues al menos significa que no está empeñando nada. Lo que sí estaba era mudando de aires, ya que es entonces cuando se traslada a Vejer, y es posible que en esos quince años se dedicase a trabajar en Barbate. Sirvan como prueba las palabras de Antonio Muñoz Rodríguez, primero en corroborar documentalmente después de 1988 la existencia del primer Malia, constatando la presencia en Vejer de otros malteses además de Pablo: "A finales de esta década (hacia 1770) la actividad comercial se anima con la llegada (a Vejer) de un grupo de comerciantes malteses: los hermanos Francisco y Fortunato Durante, Benito Cosquier, José Canolo y Pablo Malia".

Al maltés debía de irle la cosa bien, pues en 1778 compra un falucho que se hallaba surto en río Barbate a un tal Juan Montaner, natural de Sitges: "Vendo y doy a venta por juro de heredad desde hoy en adelante para siempre jamás a favor de Pablo Malia vecino de esta memorada villa de Vejer, el memorado falucho nombrado San Juan, porte de 60 quintales que está anclado en este río de Barbate, con su arboladura, velamen, jarcias, cabos, remos, anclas y demás pertrechos que tiene y lo constituyen en estado de hábil navegación".
El Maltés residía en Vejer, pero trabajaba en Barbate. Es posible que por estas fechas decida construirse un local en el mismo Barbate a fin de recoger los pertrechos de su barco, según dirá sin concretar fecha años después: "un cuarto en el sitio de Barbate, que siendo solar compramos a Miguel Camacho, vecino de Conil, de que sólo nos solemnizó la venta con un papel simple en presencia de tres testigos".

Nótese la forma de nombrar a Barbate, como sitio, y no aldea, y lo peculiar de la venta, un vecino de Conil que es propietario sin escritura notarial alguna, lo que demuestra que la gente de Conil tenía estrechas relaciones con la zona, indudablemente derivadas de la pesca, y que en aquellas fechas era difícil contar con propiedades escrituradas en relación a los terrenos concejiles de Vejer en la desembocadura del Barbate.

La compra del falucho y del cuarto en Barbate fueron el segundo gran acierto del Maltés después del braguetazo con la Barrera. De golpe, le llega una suerte con la que no había ni soñado, gracias a la cual se permite adquirir diversas propiedades. Así, en 1790, compra un huerto en La Barca de Vejer; por estas mismas fechas y según su testimonio, debió adquirir las casas que poseía a su muerte en la calle Juan de Sevilla en Vejer, otras en Cantarería y otras en La Mimbre, además de una viña en el pago de La Oscuridad. La guinda la puso en 1792, comprando una casa-horno en el barrio de San Miguel de Vejer, por encima de la calle Cantarería Vieja. Ésta será la verdadera casa familiar de los Malia, según la referencia del propio Pablo, quien dice "casas de su morada en San Miguel", que edificará sobre unas ruinas, y que no será precisamente pequeña, a juzgar por las siete partes que de ella hicieron luego sus herederos para venderla. También debió por aquel entonces de adquirir en Barbate una tienda para despachar vinos, "una bodega con cuatro botas", situada quizás junto a la habitación que se construyese antes, si es que es la misma que luego poseerá un tal Agustín Muñoz Molina, en la que más tarde se conocerá por calle Real, y que entonces era un camino real procedente de Vejer que fenecía en el río.

Lo que no dicen los documentos: ¿Cómo era Pablo Malia?

Definir el aspecto físico y el perfil psicológico de Pablo Malia sin contar con apoyo documental es tarea prácticamente imposible. No obstante, creemos entrever ciertos caracteres particulares a la luz de los pocos datos disponibles. En cuanto a lo primero, la tradición es parca al respecto, pues como todas las tradiciones orales prescinde de elementos superfluos que verdaderamente no inciden en el fondo de la historia

La importancia concedida a la apariencia física en nuestros días es mucho mayor que la de aquella época (entonces no existía ninguna posibilidad de reponer un diente perdido, por poner un ejemplo) y quizá unos rasgos que hoy se acentúan tengan que ver más con prejuicios nuevos que con realidad histórica alguna. Así, quiere una parte de los transmisores ver a Pablo como alto y rubio, y de ojos azules. Pero esto quizás no sea más que una idealización, un arquetipo de héroe añadido a posteriori, tal vez alentado por la aparición de algún Malia con parecidos rasgos. Ojos azules los ha habido entre los Malias y los hay con profusión, pero también castaños y negros.En apoyo de unos caracteres nórdicos para Pablo, están los que piensan que dichos caracteres habrían distorsionado la tradición, haciendo atribuir a muchos de sus transmisores un origen inglés al Maltés, origen imposible, pues Malta no fue inglesa hasta el año 1800, cuando ya Pablo llevaba casi cincuenta años fuera. Es posible que los herederos de Pablo, entre los que figuraban muchos de rasgos nórdicos, pudieran por su aspecto haber hecho sospechar que Pablo tenía sangre no mediterránea.


Vista aérea del Puerto de La Valetta (Malta) Foto Press


Ella era de una familia muy humilde, como lo prueba el hecho de que únicamente aportó al matrimonio una dote de 560 reales de vellón en ropa de vestir. O sea, iba con lo puesto. El matrimonio tuvo lugar en Enero de 1757 en la parroquia de Sta. Catalina de Conil, y de él nacerá un hijo, Miguel, que fallecerá aún niño, y una hija, Rosa María, que al correr de los años se casará en Vejer.


Al cambiar de estado civil, Pablo probó a cambiar de vida, y aunque no sabemos si dejó su oficio de trotamundos, en la época que nacen sus hijos -1760- era dueño de una tienda de paños y lienzos en el mismo Conil, además de tener una casa en propiedad, situada en la calle Ancha y adquirida por compra a un tal Sebastián García Bernal. Pero la tienda no debía ser muy rentable, pues al menos desde 1762 se dedica a la pesca, ya que ese año vende la mitad de una barca al conileño Juan de Oliva, a quien se la había comprado con anterioridad. Es decir, ni la tienda le iba bien, ni la pesca menos.
Para colmo de males, en ese mismo año de 1762 fallece su mujer. Mucho tiempo después el maltés resumiría en una frase la situación paupérrima en la que lo dejó Francisca: "No quedaron bienes suficientes para satisfacer las deudas contraídas durante el matrimonio".
Pero, ¿qué deudas eran esas? Está claro que Pablo había arriesgado para instalar su tienda, pues el montante de la trampa, sobre 4.500 reales de vellón, lo había contraído en géneros de ropa que había adquirido para la venta. Uno de sus problemas, desconocemos si el principal, era que había estado vendiendo a fiado: los clientes le debían, a la muerte de Francisca Paula, 1.000 reales de vellón. Es probable que ella hubiese estado atendiendo el negocio, mientras él se dedicaba a la pesca. Lo cierto es que ni uno ni otro tuvieron suerte en la empresa común del matrimonio, que apenas duró un lustro, y que en la época que enviudó, Pablo no tenía claro a que se dedicaría en adelante, pues afirmaba "no tener con que buscar la vida ".

La cosa iba por tanto viento en popa, pero entonces enfermó Juana Barrera: corría el año de 1794. De aquella fecha es al menos el primer testamento de los tres que hizo la mujer de Pablo. Hasta 1805 no fallecerá, pero aquellos dos lustros y pico de larga enfermedad debieron ser bastante desdichados en la vida del matrimonio. Para colmo de males, la familia recibe la noticia de que el hijo Manuel, el más pequeño, muere allende los mares: "Manuel (...) de estado soltero, que de exercicio calafate pasó a los reynos de Indias, donde se dice ha fallecido". Si la tradición no nos engaña, Manuel murió víctima de un caimán que le arrancó una pierna. En cualquier caso, otro hecho de fondo constatado por la letra impresa.

Después de la muerte de Juana Barrera, en 1805, Pablo sufre otra pérdida, la de su hija Rosa María, que tuviera de su primera mujer, y única descendencia que le quedaba de aquel matrimonio: "cuando falleció estaba casada con Andrés Pantoja y dejó por su hija legítima a Pabla Pantoja".
Finalmente, el día 13 de Noviembre de 1807, a la edad de 69 años, fallece Pablo Malia. Su cuerpo, al igual que el de Juana Barrera, será enterrado por decisión propia en el cementerio anexo a la Iglesia de San Salvador de Vejer. Hoy allí sólo quedan, como mudos testigos grabados sobre la pared, los huecos de las sepulturas.

Al año de fallecer Francisca Paula, en 1763, Pablo se vuelve a casar. Su nueva esposa es la que recuerda la tradición como tía Juana Barrera , y su nombre completo es Juana Barrera Espino, viuda de un tal Antonio José Romero, quien había fallecido en La Habana, siendo artillero de mar, a resultas del ataque inglés contra El Morro en 1762, en el cual destacó especialmente este cuerpo de la armada. Que se sepa, Juana no había tenido ningún hijo con su difunto marido. Además, la dote que aporta al matrimonio, 3.418 reales en bienes y prendas, y un arte de jábega de su padre valorado en 2.475 reales, suponen algo más que un respiro para el Maltés. Fue lo que hoy llamaríamos un braguetazo, pues la suerte de Pablo cambió.


 


Siguiendo con los rasgos físicos, el poeta Francisco Malia Varo asegura distinguir a los Malias por la proporción en los huesos de las piernas, o mejor, desproporción: los fémures de todos ellos -incluido los del propio escritor- son de tamaño superior al normal en comparación a tibias y peronés. Tal distinción puede hacer adivinar si estamos o no ante un Malia. Quién sabe, lo que hoy son conjeturas, dentro de poco podrá confirmarse o refutarse con análisis genéticos menos costosos de lo que ahora resultan

Más interesante que el aspecto físico de Pablo Malia es su perfil sicológico. La tradición hace hincapié en que había salido de Malta porque su padre favorecía a un hermano suyo. Aquí aparece el asunto de los celos fraternales, que por extensión lo son de todo tipo en los Malias, según los más antiguos. Corroborar este dato, como puede suponerse, es de todo punto imposible, pero el hecho de que abandonase el hogar con 15 años demuestra, cuando menos, un gran carácter. No se trata simplemente de prescindir de la protección filial -en realidad no sabemos con certeza si los padres aún seguían vivos- lo que en realidad pesaba era el hecho de que, en aquella época, dejar el lugar en que se vivía para realizar un viaje de cientos de kilómetros era tanto como exponerse a no volver nunca. La decisión debió por tanto ser drástica para un muchacho de 15 años, y tuvo que obedecer a una causa en consonancia con ella. Casi todos hemos soñado con escapar de casa en ese intervalo de edad tan difícil que va de los 13 a los 18 años, pero tal resolución la afrontan muy pocos: la incertidumbre del futuro suele ser más poderosa que la certeza del presente.


Un dato que parece a este respecto determinante es que Pablo no deja la isla solo. En concreto lo acompañan su tío Sebastián Mallía y su primo Pedro Borrer. No es infrecuente que ante una confrontación familiar el resto de la familia tome postura por cada uno de los que se enfrentan, pero hasta el punto de acompañar una huida del hogar es mucho decir. Mas bien habría que apartar por un momento a Pablo del centro de atención y poner en su lugar a su tío Sebastián, el mayor de los tres que embarcan rumbo a España. Sabemos que, en la época que salen de Malta, a mediados del siglos XVIII, el archipiélago se hallaba bajo un gobierno despótico, y que la población crecía por encima de lo que las islas podían alimentar. Ambas condiciones obligaron a una emigración constante, y no es por tanto extraño que en este contexto Sebastián Mallía decidiese salir, y que dos jóvenes de la familia se le unieran. Si Pablo lo hizo por despecho, puede que nunca lo sepamos. Desde luego es fácil que en tesituras de crisis como la que vivió Malta entonces, un padre tuviese que escoger entre ayudar a un hijo u a otro, puesto que matemáticamente era imposible proporcionar una vida estable a todos.


Sabido es la costumbre mediterránea de bautizar a los hijos con el nombre de los abuelos. Hoy en día, la modernidad ha impuesto la moda de los nombres exóticos y extranjeros con los que a veces en los juzgados no pueden habérselas dado que ni los propios padres saben escribirlos. Pero hasta hace poco prevaleció el deseo de perpetuar el nombre de los ascendientes.

Esto muy bien puede trasladarse al Maltés. Ciñiéndonos a los datos, que juzgamos precisamente por esto creíbles, sobre los nombres de los padres de Pablo, nos encontramos con que éste, en su primer matrimonio con Paula Ferrer, bautiza con el nombre de su propia madre, Rosa, a su primera hija; y a su segundo hijo, Miguel, le pone el nombre del abuelo. En consecuencia, Pablo no se ha olvidado de sus padres, no parece haber proyectado su rencor -si es que existió- sobre su familia. Y esto no hubiese sido ninguna extrañeza, a tenor de lo que pasó luego.

 

 

Siguiente

     

(c) "to Barbate" A. Aragón. Artículo realizado en 2002.

www.tobarbate.com, 2007

 
Menú del tiempo en Barbate

El tiempo en Barbate
Meteorología local
actualizada cada 10 min
.
Última: 28/6/17
5:57
20.3 ºC
Hoy
Máx
Mín
Temp. (ºC)
21.9 
20.2
Humedad: . 85 %
Presión
: .....1013 mB

Tendencia: .0.415 mB/h
Lluvia año: 20.28 L/m²
Velocidad Viento: 1 km/h

Dirección:

NO
º ( N)

Fuerza:
(bft)

0
Media:
2 km/h
Máxima: 10 km/h




¿Conoces el significado de la palabra
?

Museo de Barbate
Museo de Barbate
La foto.

Playa de los Alemanes (Zahara de los Atunes)
Ampliar

Playa de los Alemanes (Zahara de los Atunes)





La banda de Música

Banda municipal de música La historia y los integrantes de nuestra banda municipal de música. Te ofrecemos un pequeño album de fotos de sus conciertos